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Cada timbre de voz acerca el alma a su desembocadura, se convierte ensu propio eco, que puede cicatrizar en la palabra poética si latensión del verso no rompe la gracia de la escucha. Tiempo cualificado, sincronístico, del que hablaba Carl Gustav Jung, que interroga lasalucinaciones auditivas para abrir dimensiones, portales a otrasrealidades más sutiles. Esta obra, en concreto, es un ejercicio desinestesias que integra los paraísos artificiales como sombra delinconsciente colectivo, claroscuros que requiere el alma para lafecundación alquímica, más allá de la era digital, que exige suliquidación con la transparencia y clausura del lenguaje virtual. Endefinitiva, el erotismo de cada expresión propia es un acontecimientono causal que rinde tributo a la eternidad del alma incluso en estebajo mundo.