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En este libro, el primero de Elia Quiñones, los poemas son trampasvegetales y «la prosa ayuda a rellenar algunas bolsas de sueroinvisible». Los poemas muerden y la prosa (tachada, aislada, ensimismada, desobediente, afilada como un hacha) ayuda a regenerar el tejido de la atención, la espera y la vida. Por La lógica de losrefugios pasan, nerviosas y encendidas, como buscando un hueco dondecobijarse (desván, contenedor, garaje, tren de cercanías, casafamiliar, cajas de cerillas, piscina, cuerpos de amantes, sueños, laconsulta de un dentista, un museo), metáforas y sintagmas y versos que proceden del extrarradio de la razón. Poesía, en consecuencia, peligrosa, malherida, turbulenta, dulce en su deambular mientras busca un lugar posible donde anudarse a lo que hay. olo a los que elijan nosilenciar la música de su alma se les reservará, al final, un tesoromayor del que buscaban. gumentos y silencios, Luxemburgo le escribe asu amante lamentando que la sobrecargue con consejos insípidos yprédica de superioridad, Kollontay -que llegará a ser embajadora de la Unión Soviética- deja a su hijo, desga