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A menudo se estigmatizan las reflexiones más críticas sobre la crisisecosocial actual con etiquetas como catastrofismo o colapsismo (alautor de este volumen le han llegado a hacer reo de lumpen-leninismopachamamista y maltusianismo apocalíptico, entre otras lindezas). Así, se ignora tanto la necesidad de analizar sin autoengaños loselementos catastróficos de la situación presente como laselaboraciones más en positivo que también se proponen desde aquellasposiciones. Dentro de este último apartado (propuestas en positivo)hay que situar el libro Simbioética como un esfuerzo por avanzar hacia una reforma intelectual y moral que, sin abdicar de la lucidezanalítica, proporcione herramientas para la construcción cultural quenecesitamos. La teoría Gaia, sobre todo, proporciona un buen cimientopara esa construcción en el mundo occidental: buen suelo para alzarecosofías y culturas amigas de la Tierra. «Muy cierto es que el granmilagro es la naturaleza misma, pero el hombre todavía es demasiadoniño para darse cuenta», escribió Joan Maragall. La clase de esperanza que puede anclarse en estas perspectivas no se refiere a loinmediato, pero a cambio es fuerte y sus raíces llegan muy hondo. Lasimbioética de Riechmann es el desarrollo de posiciones morales deamor compasivo congruentes con lo que de hecho (ontológicamente)somos: holobiontes en un planeta simbiótico. Sería la vertiente moralde una reflexión que, en lo político, se ha articulado comoecosocialismo descalzo. Y es que se trataría, como apuntan loscompañeros y compañeras de la Agenda Latinoamericana, de avanzar«desde la Patria Grande hacia la Patria Mayor»: la Madre Tierra.