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El enjambre digital, a diferencia de la masa clásica de los siglos XIX y XX, consta de individuos aislados, carece de alma y de un nosotros, es incapaz de una acción común o de manifestarse en una sola voz. La hipercomunicación digital destruye el silencio que necesita el alma para reflexionar y ser ella misma. Se percibe solo ruido, sinsentido, sin coherencia. Todo ello impide la formación de uncontrapoder que pueda cuestionar el orden establecido, que adquiereasí rasgos totalitarios. Multinacionales de la información vigilannuestros intereses y extraen beneficio de nuestros comportamientos enlínea: nos ofrecen cíclicamente los mismos pensamientos ypreferencias, transformando y deteriorando los modos de lo público. Byung-Chul Han afirma que se ha dejado atrás la época biopolítica. Hoy nos abocamos a la psicopolítica digital, una era en la que el poderinterviene en los procesos psicológicos inconscientes. El psicopoder, para Han, es más eficiente que el biopoder, porque nos vigila, controla y mueve no desde fuera, sino desde dentro.