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El debate sobre la fe y la ciencia atraviesa toda la historia delcristianismo, confirmando así el estrecho vínculo que une a estas dosformas de saber. En la modernidad, con la reducción de la ratio arazón instrumental, ambas han sido contrapuestas con frecuencia. Actualmente, el magisterio de la Iglesia y la teología, por un lado, y numerosos científicos «ilustrados», por otro, buscan un tipo derelación fundado en la articulación entre la fe y la ciencia, mediante un diálogo que haga posible la integración entre ambas. La autonomía, la distinción (no la separación) y la complementariedad (no lainvasión del campo del otro) son los rasgos de una relación correcta y fecunda entre los saberes. Los papas y los teólogos del siglo XX han contribuido notablemente aeste camino, sobre todo a través del concilio Vaticano II y de lasintervenciones de Juan Pablo II. Con todo, una vez más, la aportaciónde Joseph Ratzinger, antes y después de ser elegido papa, esespecialmente destacada. La obra que presentamos, tras una extensa introducción del doctor Umberto Casale, se divide en dos partes. La primera contiene unaselección de textos clave procedentes de obras del teólogo bávaroescritas durante su largo período docente en las facultades deteología de las más prestigiosas universidades alemanas. La segundarecoge importantes discursos pronunciados por Benedicto XVI antediversas instituciones eclesiales, en particular la Pontificia Academia de las Ciencias y el Pontificio Consejo de la Cultura. JOSEPH RATZINGER (1927) fue profesor de teología en las universidadesde Bonn, Münster, Tübingen y Regensburg, arzobispo de München y Freising, desde 1981, Prefecto de la Congregación para la Doctrina dela Fe. Fue elegido papa el 19 de abril de 2005 y adoptó el nombre de Benedicto XVI. La Editorial Sal Terrae ha publicado su libro Sobretodo, el amor: confiarse a Dios, confiar en la vida. "No existe otra alernativa: la razón y la fe, la ciencia y la teología tienen que volver a encontrarse en su autonomía, su distinción y su complementariedad, es decir, sin disolverse la una en la otra. Lo que está en juego no es la protección de ciertos intereses... sino el hombre mismo y el mundo". BENEDICTO XVI