El monarca del tiempo
ISBN: 9788493147167
Nota previa del autor Prólogo de Elide Pittarello «Hace veinticinco años que este título no se encuentra en laslibrerías. A decir verdad, nunca estuvo muy presente en ellas, pues su primera y única edición hasta la fecha, de 1978, constó de pocosejemplares, no recuerdo si dos mil o dos mil quinientos o a lo sumotres mil (pero no creo). A lo largo de los últimos diez o doce años han sido numerosas las personas que me han pedido El monarca del tiempo o me han preguntado cómo podían conseguirlo (y algunas hasta han dudado de su existencia, tomándolo por un título fantasma). Mi respuesta hasido esta, invariablemente: "Como no sea en una librería de viejo... Pero tres de sus cinco partes pueden leerse en otros volúmenes, y las otras dos me temo que no valen la pena, suponiendo que la valgan las tres recuperadas, y es dudoso."Y ese es el principal motivo de queahora edite de nuevo El monarca del tiempo. Con una tirada tan modesta como la primera y, sobre todo, sin con ello molestar a ningún editorni obligarlo a hacer el menor desembolso. Así ya no se me preguntarácómo puede conseguirse este título, ni tendré que dar sobre él laexplicación y disuasión acostumbradas, ni jurar que sí existió, ni severán algunos amigos impelidos a fotocopiar sus fantasmales páginas de vez en cuando. Tenía veintiséis años cuando lo terminé (enero de 1978, está fechado), y veintisiete recién cumplidos cuando lo publiqué. Yprobablemente esté ya lo bastante lejos de aquel joven para manteneren el ostracismo lo que él escribió, más allá de un cuarto de siglo. Veinticinco años son condena suficiente para cualquier posible delitoliterario, me parece.»Del prólogo del autor«Poniatowski, el Bayardpolaco, trémulo de fiebre y titubeante, reflexionaba. Lascabalgaduras, nerviosas e irritadas, recalcitraban, piafaban. Latensión de los hombres, al tiempo, cedía y se diluía. Por fin, ensartando la bruma y el vaho, sonaron las voces encadenadas, resolutas, imperativas: hubo una espontánea e improvisada reordenación de las filas, demasiado dispersas ahora, en exceso ausentes yapaciguadas: los corazones más jóvenes batieron con fuerza, losoficiales se calaron un poco más los morriones y desenvainaronhaciendo innecesariamente entrechocar los metales, todas las filas seirguieron, altisonante, confusa, se oyó la orden de ataque, y entonces empezó a formarse una nube de polvo, denuedo y calor que fueascendiendo paulatinamente desde los cascos de los caballos hasta losmuslos de los jinetes a medida que unas líneas, al desplazarse, invitaban a las siguientes a avanzar y ocupar su lugar, y que eltrote, en virtud del trabajoso pero regulado crescendo de todo impulso remolón e inicial, se iba acelerando mecánicamente. Y como el polvoque enturbiaba la aurora, también el retumbar aumentaba y se hacía acada segundo más profundo y más uniforme: las tropas compactasmarchaban al trote y adoptaron un ritmo de dáctilo, amenazador, machacón, y trotaban, trotaban, trotaban, trotaban.»Fragmento de «Elespejo del mártir», El monarca del tiempo Blog de Javier Marías: https://javiermariasblog. wordpress. com/category/reino-de-redonda/